Seguía sentada esperando a superman o algún acontecimiento que extasiara mi transcurrir sin condimentos.
Quise evadir el ocio y aburrimiento o mas bien me intentaba convencer de eso, hablando en red con alguna gente que realmente me importaba una mierda y me di cuenta que tanta chachara virtual te devuelve una luminosidad que tarde o temprano termina acortandote la vista.
En estos días había notado que mi lenguaje se había vuelto mas vulgar que lo habitual, y después pensé que ya hacia un tiempo que venia faltandome el respeto a mi misma. Mintiendome en mi propia cara, mintiendome en mis propios pensamientos, creyéndome cada falso verso auto dicho.
Estaba en esas horas en que la misantropía te vuelve bastante inhumano, anti uno mismo.
Intente una tregua.
Decidí enrollarme en mis fantasías con ese chico que no me gusta tanto pero parece buena gente apelando a mi lado místico repitiéndome que los pensamientos materializan realidades.
Decidí enrollarme en mis fantasías con ese chico que no me gusta tanto pero parece buena gente apelando a mi lado místico repitiéndome que los pensamientos materializan realidades.
Sabia que todo iba a estar mejor.
No tenia mas tiempo de vida para añorar anécdotas que ya habían caducado. La mirada tierna e inocente de aquel tiempo pasado, ofrecida por ese chico común sin mayores vistosidades había sido suficiente como para que mi cerebro maquine el encuentro intimo, y antes de que empiece y termine todo viera en formato de corto de un minuto el principio y el final de la historia que duro menos que dos estaciones, entonces ignore mi instinto antihumano y me menti huyendo de mi misma. Entregue alma para después pegarme las puntas de los dedos con curitas por esa creciente ansiedad flagelante.
Y ahora con estas fantasía volvía a huir de mi misma. Inventar quien era este chico desde mi poder mental era mi pasatiempo preferido después de leer algún libro. Yo lo conocía de compartir un ámbito, pero no había notado su sonrisa perfecta hasta que un día de verano lo vi en la playa, el sol iluminaba su rostro realzando la blancura de su dentadura alineada y la bermuda roja acompañaban su bronceado homogeneo y su tonicidad corporal destacable, realmente este espacio lo favoreció. Aunque la imagen que se reiteraba en mi cabeza podía ser sustituida por la de un pedazo de tarta de frutillas a los efectos daba igual.
Todos placebos.
Había pasado tres días sin salir de mi casa. El contacto con cualquier persona me daba pereza y hastío Sabia que no iba a pasar mucho mas tiempo antes que el mecanismo dos de huida de mi mismo se activara.
Este era particularmente peligroso porque buscaba el contacto social en demasía combinado con altas cuotas de vino y martini.
Y ahora acá, sentada en el comedor de mi casa enfrente a la laptop, con las piernas cruzada, el vientre hinchado, los ojos enrojecidos, la boca seca, la espalda erguida y las cervicales contracturadas, tiraba el cable al presente necesario como para reincorporarme a mi deber como ser humano en el horario nocturno.
Dormiría aceptando la necesidad del cuerpo y la mente confiando en que en mis sueños se dispararían secuencias que otorgarían grandes cuotas de placer a mi alma sedienta de no se que, y a lo mejor aparecería este chico bronceado y esa sonrisa perfecta, con una mirada franca de amor sin condiciones.