viernes, 2 de noviembre de 2012

La acción no acciona


grandes baldosas dibujando laberintos sin entradas ni salidas
altos techos inalcanzables para la mirada distraída
olor a a madera antigua, humedad y encierro
entraba una y otra vez a la misma habitación

siempre
se cruzaba con un hombrecito que  corría sabiendo sin dirección
consiente de que probar otra aventura  conducía al mismo destino
podía no mas que ser espectador sumiso del ensueño

siempre
el hábil hombrecito de pies ligeros alcanzaba su cuerpo
rompía la coraza piel  con una lanceta de anestesia
la dejaba media inmóvil medio lerda
pero sintiendo, padecía la intervención una y otra vez

Siempre
el hombrecito sacaba su lanza afilada, lentamente y sin titubear
iba desde el pecho hasta las vísceras cual cerdo de matadero
carne viva desparramando sangre, corazón y tripas
tiñendo los laberintos sin entradas ni salidas confundiéndose las no lineas

y así otra vez
la habitación, la humedad, el hombrecito, la anestesia,el bisturí
las ultimas veces aun sabiendo la frase final, rogaba por mas anestesia
mas sumisa, mas sintiente y mas conciente

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