jueves, 14 de junio de 2012

No se mezcla el agua y el aceite


Frodo era mi amigo,mi fantasma amigo
compañero, silencioso y receptivo a mi comentario.
Un día  lo llame, lo llame insistentemente.
Pretendía que se vuelva figura palpable
para mi necesidad de visibilidad y calor

Presumí , que estaba ahí, silencioso 
Mi fantasma amigo en su  silencio me hablaba.
Ese día transmitía que nunca pudo y ni podría colmar tal pedido.
Mi cabeza me decía, sin presencia no hay permanencia.
Entonces, ese día; odie los fantasmas...

Odie mi fantasma y odie los fantasmas de los demás.
Resulto detestable que siempre este ahí, compañero silencioso.
Receptivo a los comentarios, hablándome en silencios que no comprendía.
Mas odioso era saber que otros fantasmas acompañaban a otras personas
y seguro susurraban  al oido cisañantes en silencios comentarios 

Me atormentó, 
no podía mirar a ningún otro sin pensar desde donde; 
su fantasma silencioso estaba receptivo a los comentarios
y que le susurraría luego a ese otro  de los comentarios,
o si tal vez, el fantasma de algún otro ofrecía su calor

Realmente odie mi fantasma por su gélido silencio
por su tormentoso susurro inaudible por mis fisuras

Odie los fantasmas de los otros por ser compañeros
siempre receptivos a los comentarios desde un lugar invisible

Aun hoy no puedo sentarme en esas sillas vacías que dejan a su lado los otros en los cines 
temo que estén sus fantasmas sentados y me susurren en silencios cisañeses al oído




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