Frodo era mi amigo,mi fantasma amigo
compañero, silencioso y receptivo a mi comentario.
Un día lo llame, lo llame insistentemente.
Pretendía que se vuelva figura palpable
para mi necesidad de visibilidad y calor
Presumí , que estaba ahí, silencioso
Mi fantasma amigo en su silencio me hablaba.
Ese día transmitía que nunca pudo y ni podría colmar tal pedido.
Mi cabeza me decía, sin presencia no hay permanencia.
Entonces, ese día; odie los fantasmas...
Odie mi fantasma y odie los fantasmas de los demás.
Resulto detestable que siempre este ahí, compañero silencioso.
Receptivo a los comentarios, hablándome en silencios que no comprendía.
Mas odioso era saber que otros fantasmas acompañaban a otras personas
y seguro susurraban al oido cisañantes en silencios comentarios
Me atormentó,
no podía mirar a ningún otro sin pensar desde donde;
su fantasma silencioso estaba receptivo a los comentarios
y que le susurraría luego a ese otro de los comentarios,
o si tal vez, el fantasma de algún otro ofrecía su calor
Realmente odie mi fantasma por su gélido silencio
por su tormentoso susurro inaudible por mis fisuras
Odie los fantasmas de los otros por ser compañeros
siempre receptivos a los comentarios desde un lugar invisible
Aun hoy no puedo sentarme en esas sillas vacías que dejan a su lado los otros en los cines
temo que estén sus fantasmas sentados y me susurren en silencios cisañeses al oído

no creo que todos tengan un fantasma.
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